Subscribe to RSS Feed
Showing posts with label cuentos. Show all posts
Showing posts with label cuentos. Show all posts

Encuentro

10 January, 2003 by traveler

Cansada de luchar contra su propio ser, decidió rendirse, quedar en algo sin quedarse, pensar de más al punto tal de no saber que es lo que pensaba, su mente estaba en blanco y sus azules ojos entrecerrados albergaban la tristeza y la desolación de su interior, ¿dónde encontraría su alma desdibujada en ese perdido espectro llamado destino? ¿Dónde la encontraría sin siquiera saber su apariencia?. Lloró. Sin remedio aparecieron las lágrimas, no de bronca ni furia, sólo dolor, el dolor más intenso que alguna vez hubiera sentido, el que le perforaba lo que quedaba de su debilitado corazón. Su persona no podía tener otro destino que no fuera el que tuvo. Veía a su alrededor y no percibía cual era su función, su tarea en ese ámbito tan distinto a lo conocido, pero no quería adecuarse, no quería enterarse, no quería saber... no le interesaba, sólo quería estar tranquila y decidió caminar, caminar a la nada, la oscuridad era cómplice de sus acciones, las voces ocultas de su mente se volvían extrovertidas a medida que sus pequeños pies descalzos avanzaban por la fría y húmeda arena. El viento espumoso y helado de madrugada golpeaba sus colorados pómulos hinchados y su irritada visión, la cual se nublaba por momentos con el correr de las penosas lágrimas que dilataban sus azules y cansadas pupilas. El rugir de las olas se hacía cada vez más fuerte. Sus fríos pasos hicieron el leve y cauteloso contacto con el agua agitada de la orilla, en la espuma del suelo se dibujaba su pequeña huella, luego la otra, que avanzaba lentamente. La línea recta, en ese momento imaginaria, que separaba los dos planos, parecía llamarla, sus frágiles rodillas sintieron el húmedo contacto. Su delgado rostro, desencajado, no ofrecía ninguna seña de desaprobación a tal acción. Siguió, caminó, hacia la nada, cada vez más y más adentro, allá a lo lejos, el tono del cielo cambiaba muy pausadamente, las tonalidades de azul oscuro se mezclaban con las leves rojizas que en forma horizontal aparecían. Sus delgados cabellos negros, más arriba de la cintura, empezaban a mojarse, una gran ola con fuerza derrumbó su pequeña figura, seguida de otra que absorbió su imagen hacía adentro. El delgado cuerpo fue poco a poco desapareciendo.

Desde lejos, en las escalinatas de la rambla, un par de ojos azules fueron los únicos testigos de tal suceso. Un gesto de satisfacción y alivió se pudo ver en su rostro, de colorados pómulos hinchados y delgados cabellos negros.

***

traveler81.2003

Continue Reading
0 comentarios

La Cita

22 August, 2002 by traveler

Son las seis y veinte de la tarde, la Señora Ocampo se levanta de su siesta sabática. Su desgastada figura se dirige hasta el elegante baño al final del pasillo. Debe apurarse a estar lista, hoy es el día esperado, su cita.

En las palabras de su empleada doméstica se refleja la sorpresa, el asombro... ¿a su edad una cita? Sí, no es tan descabellada la idea.

__¿Cómo durmió? –es la pregunta que Estela, su empleada le hace al ver a la señora salir del baño con dirección al dormitorio.

__Bien, bien –contesta sin mirarla.

Sobre su cama, la que ocupaba su esposo, quien ya hace mas de un año que ha muerto, se advierten ropas de salida para elegir, previamente dispuestas por ella antes de acostarse. Como si fuera una adolescente no se decide por que vestido optar, los observa una y otra vez. Al fin elige el largo azul oscuro con detalles en celeste en la parte del cuello y las mangas. Lo toma con sus arrugadas y cálidas manos y ante el reflejo de su imagen sobre el antiguo espejo de la habitación, sonríe, algo que no hace muy seguido.

Se viste sin descuidar su delicado peinado, anteriormente cuidado con un gorro mientras dormía. Acomoda su blanco y esponjoso cabello.

Sobre la refinada cómoda se encuentra su coqueto joyero, el cual guarda innumerables recuerdos más que accesorios. Uno de ellos es tomado por ella, quizá el que más recuerdos tiene, el collar que su esposo le regaló en su primera cita. Lo más especial para un día especial.

La extrovertida actitud de Estela hace más fácil recaudar información sobre el protagonista de su cita. Pregunta en un tono amable:

__¿y...Quién es? ¿lo hemos visto alguna vez...? –su sonrisa se pierde entre un gesto de curiosidad.

La señora Ocampo, con su actitud fría y de palabras medidas, gira su cabeza hacia donde su empleada se encuentra. Desde la distendida y tranquila ubicación frente a la ventana que da a la calle, le dice:

__Es alguien que nos ha tocado muy de cerca en esta casa... y no hace mucho tiempo... –girando lentamente su visión hacia la ventana al terminar la frase.__ ...muy de cerca... –repite entre suspiro y desgano. Estela parece no entender tal expresión.

__¿Y ese alguien la va a pasar a buscar? –Pregunta indiscretamente la empleada.

__Si, me va pasar a buscar y me va a llevar –contestó sin sacar su vista de la ventana de largas cortinas.

Mientras pinta sus secos labios de un color rojo intenso, que contrasta con su tez pálida, la señora ordena a su empleada tomarse el resto de la tarde. Su voz cascada y entrecortada lleva consigo las ganas de tener privacidad, que no haya nadie en la casa más que ella y su cita. A pesar del interés de Estela de saber ese “alguien” tan misterioso entiende la orden y la acepta.

__Bueno, nos veremos el lunes, señora, mucha suerte, adiós –dice resignada por no poder quedarse y conocer la compañía de la señora.

__Adiós –contesta mientras sus pies entran en los finos zapatos oscuros.

El reloj del comedor marca las siete y diez, la señora lo observa desde el cómodo sillón, que da a la puerta de entrada de la casa.

Los nervios aumentan por que el momento esta por llegar, faltan unos segundos...

Dos golpes se hacen presentes desde el otro lado de la gruesa puerta de roble.

__Pasá, ya estoy lista –dice mientras sus dedos se clavan en los extremos de los apoyabrazos.

La puerta se abre lentamente. La imagen huesuda y cubierta con un paño negro se refleja en su tenue y desgastada mirada.

***
traveler81.2002

Continue Reading
0 comentarios

Respuestas

06 June, 2002 by traveler

Eran las cuatro de la mañana en la plaza Funes, su visión apuntaba al piso, pensaba, ¿para qué?, ¿por qué?, ¿que hago aquí? Sus ojos parecían no entender dicho cuestionamiento y de una de sus frágiles y rosáceas superficies surgía la resultante de su dolor, la cual recorría todo su delgado pómulo y moría, suave, en su boca.

Cansado ya de querer saber todo de todo prefirió no saber nada, escapó, corrió, alejándose de todo y de todos, sin rumbo fijo y sin mirar o querer mirar donde, sólo escapar. Encontró en esa salida su refugio, su calor, lo que le significaba sentir la cercanía de un concepto no muy conocido, comprensión. Sintió recorrer por su cuerpo sensaciones que lo retraían infinitamente a lugares desconocidos, su cuerpo ya era un envase descartable de su misteriosa alma, la lógicamente infantil y madura que no era comprendida por demás. La fría brisa de la madrugada de febrero rozaba sus delgados cabellos que imitaban el movimiento de las escuálidas ramas. Sintió que tal vez no era suficiente el saco de hilo para abrigarlo de la baja temperatura del albor. Por los fundillos de su pantalón, entraba de a ratos la fina arena esparcida por el suelo. Metió la mano en su bolsillo y encendió lo que quedaba del responsable de su perdida y distendida mirada. Lo sostenía entre su índice y pulgar, lo miró y sonrió. Soltó por fin el espeso humo. Volvió a sonreír mirando un punto no determinado en un horizonte no definido. Se dedicó pura y exclusivamente a escuchar el silencio y se dio cuenta que no existía tal cosa. Su agudeza auditiva fue tan superior que descubrió sonidos no captados en otro momento. Pensó en mil pensamientos a la vez una y otra vez. Replanteó su situación al punto tal de decir:”Basta”. Su estado lo transportaba hacia otro lugar. Pero desde allí aún observaba la nada, cruzó con su visión la angosta y paupérrima calle de ripio y se clavó en la cruz de la iglesia, no se movió más de ahí. La observaba y la medía con sus desgastados y diáfanos ojos. Cuestionaba por dentro de su ser, creencias establecidas e ilógicas sin respuestas. ¿Por qué? La pregunta mas vieja y sin ninguna respuesta desde siempre conocida. No lograba responder desde su posición su importante consulta. Todo lo que significa pensar en algo tan difícil de pensar, la fe. Al final las conclusiones empezaban a hacer sus apariciones, tenues, pero presentes en su mente al fin. Nada lo separaba de ese pensamiento. Miró de nuevo su reloj. Las agujas marcaron casi las seis de la mañana. Olvidó en ese momento porque estaba a esa hora en la pequeña plaza frente a la iglesia. Pero no quería descuidar tampoco lo que había fielmente pensado en ese lapso de tiempo. Un ligero rocío se esparcía sobre su cabeza al tiempo que las tonalidades de rojos se confundían con las azules, en un extremo del inmenso tapiz sobre él. Los delgados hilos anaranjados se refractaban en la arena, lo fueron buscando poco a poco hasta que dieron con su presencia La imagen de la rutinaria esfera rojiza hizo que su estado desmesurara su profundidad al punto que lo dejara estéril.

En eso, una voz se escucho dirigiéndosele:

__¿Padre Julio?¿qué esta haciendo tan temprano acá en la plaza?

Él sólo miro al dueño de esa voz y dijo:

__Salí a encontrar respuestas.– sonrió y caminando lentamente se alejó de ahí.
***
traveler81.2002

Continue Reading
0 comentarios