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Crónica

18 April, 2004 by traveler

Francisco no tiene más remedio, debe dejar de lado sus presiones y adentrarse en caminos que se harán nuevos con el correr de su tiempo. Sus acciones se condicionan de cada momento antes vivido, de cada una de las situaciones de las que fue cómplice o testigo. La palabra “basta” fue la que lo llevó a tal suceso.
Como cae su cuerpo sobre la alfombra azul, al tiempo que sus ojos se nublan y su extraño corazón deja de latir. ¿Por qué? Llegar a ese punto tal de no tener otra opción, otra vuelta, otra oportunidad.
Todo estaba listo, la lustro, la cargó con las dos balas que se observaban sobre la vieja cómoda, la miró y los dedos presionaron; sólo tres segundos fueron suficientes para desterrar su alma de la tierra. Como sus manos se desmoronaron sobre la superficie azulina con sus puños fuertemente apretados.
¿Hasta donde llega el amor? Ya no queda más, no quedan mas miradas crueles, ya es tarde para cualquier disculpa o arrepentimiento, ni deudas pendientes de cualquiera que fuera la causa, ya sus pies no caminan, ya sus ojos no lloran, ya su frente, presionada por el frío metal no transpira, ya su dulce y suave voz, entrecortada, deja de decir: “Por favor, Francisco, no lo hagas...”
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traveler81.abril2004 || histerias

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Utópicos

25 May, 2003 by traveler

Esto no era lo mío. Lo de ofrecer sueños encadenados. Lo de decir mil palabras a la musa de sueño. A la venus de papel. Hasta donde cruzaría mis dedos para desearme la mejor de las suertes. ¿Y tanto para que? Para que una mirada chocante arruinara el retoño endulzado dentro del frasco meloso conteniendo un periodo donde los atributos y la imagen cambia su contexto y su figura y su fondo y es, sólo, una esencia divina que transporta a los seres a otras dimensiones, de voces suaves y golpes sin dolor. Un lugar donde no existe la complejidad de los lamentos y el sufrimiento y lo pesado es liviano, y lo liviano vuela; como una mirada podía destruir tal utopía... y sí, lo hacía, la arruinaba y la mataba entre cada uno de los espinosos recovecos que significaban sus crueles ojos, al decir Basta.
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traveler81. mayo2003 || histerias.

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Enrosque

27 April, 2003 by traveler

No se porque pero salió del bar sin despedirse, ha de haber tenido algo que la urgía, ya que sin decir una palabra huyo cual ladrona después de un delito.
Miré la mesa y vi dos monedas de un peso y cuatro de diez centavos, ni una de más. Había sido cruel y malvada, no dejó aunque sea un beso triste y sólo en una servilleta de papel corrugado. Sus ojos eran quizá los más hermosos que he visto en mi vida, su piel era algo sin comparación, sin contar cuanto atributo queda rescatar de su preciosa figura. ¿Cómo decirle todo si enfrente la tenés? Si podés enfrentar esa realidad y ser valiente para desterrar ese secreto que hace que todo esto cambie su rumbo al abismo. Como puedo explicarle que si, que tiene que mirarme, que se tiene que preocupar por mi presencia, por mi figura, distante pero a la vez cercana.... siempre estuve para lo que necesitó, sabía que podía contar conmigo para que fuera, cuando y como quisiera. Porque soy un hombre, una persona que hace lo que dice y dice lo que hace, un hombre de paz, un armoniante ser, no sólo soy un simple mozo de bar.
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traveler81.abril2003 || histerias

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Sin titulo

05 February, 2003 by traveler

Se sienta sobre su silla favorita y piensa. Piensa sin siquiera detener un minuto su acción, por dentro de su cabeza corren mil ideas a la vez. Piensa en escribir, y lo hace. Piensa una historia y la cuenta. Piensa en otra cosa y la corta. Mira por la ventana hacia la nada, ya las hojas verdes de los árboles se balancean con la suave brisa del verano. Hacía mucho que no se sentaba a escribir, hacía mucho que no se escapaba de si mismo aunque sea un rato para adentrarse en ese territorio desconocido al que lo lleva su mente en esos momentos. Vuelve a tomar su lapicera negra, sobre la hoja de cuadros escribe: “quizá sea muy temprano para pedir revancha, pero si muy tarde para lamentar...” Observa nuevamente por el gran ventanal que da a la calle, sus ojos parecen advertir sombras extrañas y delgadas sobre las paredes de enfrente. No les da importancia.
Callado totalmente sigue su obra, en otro lugar de la hoja: “si no creyera en la cruel distancia tanto como la creo, no estaría hoy como estoy...” sus palabras encuentran razón de ser al ser plasmadas en el papel. Sonríe. Habla consigo mismo sin hablar, sueña despierto una vez más. Rasca su estropeado pelo y vuelve a escribir, esta vez no una frase, sino una historia, otra mas que tendrá encima ese escrito ajado a los lados.
Su seño fruncido es levemente acariciado por la punta de sus dedos de su mano izquierda, con la derecha entorna la primera línea de lo que será su historia: “Se sienta sobre su silla favorita y piensa...”.
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traveler81.2003

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Veredicto

01 December, 2002 by traveler

Para Luciana, los minutos tenían duraciones exageradas, no podía dejar de mirar la maldita esfera de agujas rutinarias. Su corazón experimentaba un ritmo superlativo. Recorría con sus pequeños pasos el pasillo, al parece, interminable, su figura transitaba de un lado a otro sin detenerse ni un momento, la gruesa puerta de algarrobo la separaba de la verdad, del veredicto, el que podía llegar a cambiar el rumbo de todas y cada una de las cosas de su adolescente existencia. Estaba sola. Sin la presencia de su cómplice, al parecer, desencontrado con la realidad que lo podía o no aquejar. Quien no cuidó su integridad y la expuso a esto que hoy vivía.
Los cinco minutos más largos de su vida llegaban a su fin, sus pasos lentamente se aquietaban, su mirada perdida en el piso de parqueé, su mano, temblorosa, giró el frío picaporte, la pesada puerta perezosamente se abría, el rechinante sonido fue matando uno a uno las hipótesis y pensamientos que en ella había. El cuarto blanco estaba tal cual como lo había dejado, no había modificaciones, sólo una, la que le devolvió el alma al cuerpo. Sobre el lujoso y pulcro asiento, el recipiente, dentro, una pequeña tira celeste y una delgada línea roja que la cruzaba, el test de embarazo era negativo.
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Traveler81.2002

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Parte del aire

02 August, 2002 by traveler

Al balcón sale sin saber a donde va, pero sabe que no tiene nada que temer. Sólo cruza sus delgados brazos sobre el frío hierro verde de la baranda. Observa y observa sin mirar de más. Canta, ríe y juega, a través de sus ojos claros, con los pájaros que merodean, pero su persona se encuentra total y tristemente sola. El dolor y la soledad son los compañeros de siempre, no sólo ellos sino tantas miserias cruzadas y enlazadas entre si. Mientras que en su mente hay miles de emociones, afuera las aves incitan y persuaden sus acciones, invitan a su persona a ser parte de ellas.

Dos segundos son suficientes para rever su estado, como es que esta ahí, como advirtió entre las opresoras paredes grises de su habitación, la puerta semiabierta que da al gran salón de piso de madera, donde llegaban miles de rayos de luz entre las hendijas de la desgastada puerta de roble, los mismos provenientes del gran ventanal con vista a la calle. Como entró a ese lugar y esa luz, y ese balcón que la atrajo de una manera inexplicable. Su visión apunta al cielo, siempre, sin advertir el pequeño tamaño de las personas y cosas que se encuentran debajo de ella. El ávido viento sacude sus rubios cabellos y sus ropas son fuertemente agitadas. Nada de lo que pasa a su alrededor altera sus pasiva y distendida actitud pero recreada en sus ojos, el movimiento tranquilo y de bienestar de los pájaros se refleja en su misteriosa mirada. Piensa en escapar, en ser parte de ellos, que vuelan libremente por territorios desconocidos, que tienen la oportunidad de equivocar sus caminos y con la fuerza suficiente para ser dueños de sus propios destinos.

Ahora el frío hierro verde es la base de los pies descalzos de su ser, y sus brazos toman la pared izquierda sosteniendo su consumido cuerpo. La escena es vista por una mujer obesa de rodete y vestida elegantemente, quien circulaba por el gran salón de piso de parqueé, el desconcierto es el vivo reflejo de su mirada. No sabe como resolver la situación, sin asustar a su imagen que se trasluce entre sus ropas sueltas con la luz de media mañana que impacta sobre ella. Mientras que sus ojos siguen observando a las aves, sin importar más. Sus rodillas parecen levemente flexionarse, al tiempo que la gorda mujer corre dificultosamente hacia el balcón para detener su locura. Grita queriendo hacer volver en si a su persona. Las delgadas rodillas se estiran, una leve sonrisa en sus sumisos labios se proyecta, y por dos segundos su esbelta figura forma parte del aire, es un ave más, es un ser del viento, es libre al fin.

traveler81.2002

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