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Había pasado el tiempo "demasiadamente". Hoy por hoy intentaba entender y satisfactoriamente comprender algunos de los sucesos, actitudes, por menores y mayores vividos y/o padecidos, las paces con las conciencias y las tranquilidades en las almas (las cuales superaban quizá expectativas antes planteadas), sólo faltaba un poco de compañía, la soledad avanzaba y hacía cometer errores que a la larga no serían reprochables sino ejemplificadores.
El llamado a Greph no constituía algo dentro de lo medianamente meditado o analizado en profundidad, sólo impulsivamente recurría al recurso... Quizá necesitaba volver a verla para recordar porque la había dejado, porque no quería que su vida tuviera algo mas que ver con la mia, era raro, pero era cierto.
Habían pasado mas de cuatro largos años, de la vez que en el banco de la plaza su imagen quebraba y la mia se alejaba sin mirar atrás.
Ese bendito/maldito ser llamado Tiempo, no habia sido equitativo para los dos. Era el mismo banco, la misma cara, la misma vida, los mismos sueños, la misma mirada mirando a la nada... sentí que era la misma que hacía mas de cuatro años que estaba sentada en ese lugar... no creo que la volviera a ver nunca más, es duro pero era cierto.
... que podria escribir sobre la negra laura? una de las personas que menos y mas conozco, gente grosa del camino que me toco darme cuenta que estaba, hasta donde llegarìa el dolor como para no verlos, para no sentirlos a esos seres que te dan tanto con tan poco. Uno de los viajes menos pensados y uno de los mas disfrutados. Escenarios completamente nuevos, huellas invisibles nunca antes pisadas, creadas con sueños. Con toda su simpleza y humildad transportando mi mente hacia otros territorios, que podia escribir sobre la negra laura?...
traveler81.Septiembre2006
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traveler81.julio2006
[emerson]
caer esta permitido, levantarse es obligatorio
[proverbio ruso]
a veces cuesta mas eliminar un sólo defecto que adquirir cien virtudes
[jean de la bruyere]
hoy es siempre todavia, toda la vida es ahora... y ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos, porque ayer no lo hicimos, porque mañana es tarde, ahora.
[a machado]
Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.
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Julio Cortazar
final del juego-1956
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traveler81.julio2006
La fidelidad quiza no sea engañar a la otra persona sino engañar a la union de esa persona, No creer en el sentir de esa unión. Ya iba mas allá de lo personal. de lo estrictamente a la persona, que del otro lado castiga mientras de este sufre. nunca habrá una buena salida o una lógica asociada a esta dificil situación.
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traveler81.mayo2006
joaquin no seria asi, joaquin quiza hubiera dado media vuelta sin decir nada con la voz, pienso que hice lo que haria yo, quiza joaquin nunca exista o quizá sea el mas precioso ser que pueda vivir en este mundo. valores, que lejos quedan, que dificil que se encuentran, que facil que se pierden. que distinto es el rumbo que se proponen las personas, que distinto que es el mundo para los ojos de distintos, el hecho de saberse y de no aceptarse, de no querer saberse y de querer aceptarse, no solo jugar con palabras sino con lo que significan ellas, el tiempo es quizá la forma de saberlo o de no saberlo nunca. las certezas nacen de dudas y las dudas de certezas que nunca se afirman en este plano, algo tan misterioso y no se me ocurre otro término para hablar de lo que fue. Solo saber que Lariadna no volvera, no existe o quizá nunca existió.
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traveler81.abril2006
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traveler81.abril2006
Francisco no tiene más remedio, debe dejar de lado sus presiones y adentrarse en caminos que se harán nuevos con el correr de su tiempo. Sus acciones se condicionan de cada momento antes vivido, de cada una de las situaciones de las que fue cómplice o testigo. La palabra “basta” fue la que lo llevó a tal suceso.
Como cae su cuerpo sobre la alfombra azul, al tiempo que sus ojos se nublan y su extraño corazón deja de latir. ¿Por qué? Llegar a ese punto tal de no tener otra opción, otra vuelta, otra oportunidad.
Todo estaba listo, la lustro, la cargó con las dos balas que se observaban sobre la vieja cómoda, la miró y los dedos presionaron; sólo tres segundos fueron suficientes para desterrar su alma de la tierra. Como sus manos se desmoronaron sobre la superficie azulina con sus puños fuertemente apretados.
¿Hasta donde llega el amor? Ya no queda más, no quedan mas miradas crueles, ya es tarde para cualquier disculpa o arrepentimiento, ni deudas pendientes de cualquiera que fuera la causa, ya sus pies no caminan, ya sus ojos no lloran, ya su frente, presionada por el frío metal no transpira, ya su dulce y suave voz, entrecortada, deja de decir: “Por favor, Francisco, no lo hagas...”
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traveler81.abril2004 || histerias
Ese suave perfume que todavía queda en mi mano... al sostener su tenue rostro, impávido, ante uno de los momentos más fuertes que podría vivir. ¿Lloro? ¿Quién me lo impide? Yo. Basta. No puedo ni quiero. La maldita costumbre de estandarizar, generalizar cada situación. Escuché siempre voces que me transportaban a otra realidad. Basta.
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traveler81. mayo2003 || histerias.
Esa noche lo conversó todo con su amiga Claudia en el café
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traveler81.mayo2003 || delMirador
No se porque pero salió del bar sin despedirse, ha de haber tenido algo que la urgía, ya que sin decir una palabra huyo cual ladrona después de un delito.
Miré la mesa y vi dos monedas de un peso y cuatro de diez centavos, ni una de más. Había sido cruel y malvada, no dejó aunque sea un beso triste y sólo en una servilleta de papel corrugado. Sus ojos eran quizá los más hermosos que he visto en mi vida, su piel era algo sin comparación, sin contar cuanto atributo queda rescatar de su preciosa figura. ¿Cómo decirle todo si enfrente la tenés? Si podés enfrentar esa realidad y ser valiente para desterrar ese secreto que hace que todo esto cambie su rumbo al abismo. Como puedo explicarle que si, que tiene que mirarme, que se tiene que preocupar por mi presencia, por mi figura, distante pero a la vez cercana.... siempre estuve para lo que necesitó, sabía que podía contar conmigo para que fuera, cuando y como quisiera. Porque soy un hombre, una persona que hace lo que dice y dice lo que hace, un hombre de paz, un armoniante ser, no sólo soy un simple mozo de bar.
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traveler81.abril2003 || histerias
La mente de Joaquín está dispersa, no sabe dónde, pero no en ese escalón de la galería en la casa de su tía. Mientras el sol va cayendo, un sin fin de recuerdos transcurren como una película por su cabeza de pelos castaños alborotados. No entiende el porque o quizá no quiere entender porque está su vida como está. Es 12 de julio, hace ya varios días que empezaron las vacaciones de invierno, pero en los ojos de Joaquín no se trasluce ninguna felicidad por tal motivo.
Fue todo una sorpresa para su familia la decisión de ir unos días para la casa de Irma, la hermana de su padre, quien estaba feliz de recibir a su “sobrino favorito” (como ella siempre le dice), además de pasarla bien con ella, él veía como una necesidad moral acompañar a su tía después de la ida de su hijo Octavio, quien había emigrado por razones económicas.
Joaquín sigue mirando el horizonte, el cual esta tiñendo su matiz en una infinita gama de rojos, el viento frío de invierno se hace notar al ver como las delgadas ramas de los árboles se agitan sin quedarse quietas ni un segundo, al fondo de todo una media esfera naranja que parece despedirse de él entre los nevados e impactantes cerros. Todo se traduce a una hermosa postal.
Irma ha salido. Es un momento de quietud y soledad donde ningún sonido altera dicho estado o quizá sea a Joaquín que ningún sonido lo saca de ese estado. Sus brazos sostienen su pensativa cabeza, sus ojos entrecerrados, sus dedos pulgares sirven de apoyo para su mentón, el resto de los dedos de sus manos tapan su particular nariz, y su seño es soportado por la punta de sus índices; Pareciera que estuviera rezando, algo que no suele hacer nunca. Piensa que estará haciendo su amiga Julia, quien no ve desde mucho antes de ir a la casa de Irma, y de Rodolfo, Fito para los amigos, su inseparable compañero, piensa también en las cosas que por ahí le gustaría cambiar de su forma de relacionarse con los demás. Joaquín siempre fue un chico muy solitario, no porque nadie lo quisiera sino porque él mismo se aislaba, prefería la compañía de su soledad y la comodidad de su mundo, a la fatiga y el desgano que le producía jugar en la plaza con los chicos. Toda su infancia fue así, hasta que empezó la escuela primaria, ahí fue cuando conoció a Fito, ese pequeñito de grandes rulos y largo rostro, con esa pícara sonrisa y ese brillo en sus grandes ojos negros (que siempre han sido tan misteriosos en cuanto a sus sentimientos). Desde primer grado han sido amigos, a veces más, a veces menos, pero siempre han sabido que ellos iban a estar siempre, para lo que fuera, aunque últimamente las cosas entre los dos han cambiado. Siente que Fito no es el mismo o quizá Joaquín no la misma persona; tal vez el tiempo, las amistades, las obligaciones, etc. hacen que poco a poco sus caminos vayan alejando sus destinos.
Entre las cosas que aparecen en su mente, ve el hermoso rostro de Vanesa, ese amor que supo disfrutar en una época, quizá unos de los momentos más felices de su vida, pero al recordarla siente tristeza de no tenerla más a su lado, ya que a pesar de que sea una historia pasada y pisada, sigue estando muy dentro de él.
Las imágenes efímeras de su subconsciente le muestran cosas que replantean mucho su condición de vida, darse cuenta de cuales son las razones que hacen que en este momento, él esté tan lejos de casa, aislado por su cuenta, y que las personas que siente cerca, las vea sólo en su mente, el hecho de no poder o quizá no querer estar personalmente con ellos... pero... ¿por qué?...¿por qué no querer estar con sus amigos y pasarla bien en las vacaciones de julio? Esa era la pregunta que él mismo no se sabía responder. Al mismo tiempo recordó vacaciones anteriores, donde descansaba y descansaba... en fin, donde dormía hasta pasado el mediodía recuperando horas de sueño perdidas durante el medio año escolar, a veces Fito lo sacaba de esa monótona rutina y encontraban siempre algo para hacer. Las ocasiones hacían que Joaquín nunca estuviera del todo sólo, los chicos del barrio los invitaban a jugar al fútbol a él y Fito, ninguno de los dos jugaba mal, al contrario, entre los dos armaban muy buenas jugadas, después seguro se juntaban en la casa de Alberto (un chico que mucho no sabia jugar y casi siempre lo mandaban al arco) donde seguro pasaban horas jugando con juguetes que ninguno de los dos podían tener. Ahí no es que se sintiera incómodo, pero era él el que se “escapaba” de la realidad, aislándose y >acobachándose<>
¿Qué será de la vida de Julia? – piensa, su amiga del alma, la persona a la cual él puede contarle todo lo que quiera, y donde ella siente la misma eterna confianza. Repasa rápidamente su fresca imagen por su mente... su sedoso y rubio pelo que dejan entre ver a esos valiosos y sinceros ojos, los cuales han sido testigos de innumerables momentos de la vida de Joaquín, su voz especial que sale desde el corazón a través de esa boca que parece transformarse cuando ella ríe; y su cuerpo delgado, pero a su vez moldeado, que en más de una ocasión ha hecho que la ella misma sienta incomodidad ante comentarios desmedidos de amigos y compañeros en cuanto a su figura.
Joaquín sin darse cuenta ve que ese tapiz de rojos que tenia delante de sus ojos ha desaparecido, ahora el color es un azulino oscuro que trae consigo brillos esparcidos en todo ese infinito paño, en eso siente que la brisa invernal desliza el tenue rocío disperso en el pasto, siente frío, pero no quiere salir de ese estado de meditación y >colgadez<>
__ Joaquín ¿no tenés frío?- le dice Irma casi con sorpresa al verlo tan >en la suya<.
__ ¿eh..? - La confusión es reflejada en la cara de Joaquín al darse cuenta que su finito pulóver negro no es para nada suficiente abrigo para la baja temperatura que hay en ese momento...
__Si... lo que pasa es que, no me di ni cuenta – dice al mismo tiempo que entra por la antigua puerta que da a la galería, en busca del saco tejido a mano que usa siempre.
__¿Hacía mucho qué estabas ahí? Se te veía bastante concentrado.
Joaquín sonríe tímidamente. __Más o menos... creo que desde que saliste vos.
__Mira vos, se ve que el aire de campo te ha hecho pensar un “ratito” – dice Irma con una sonrisa que inspira dulzura.
Joaquín mira por la ventana hacia la galería __Y si... este lugar te hace pensar bastante y te permite ver cosas que cambiar...
El tono de Joaquín es un tono apagado y triste, como de nostalgia, Irma se da cuenta enseguida de que algo pasa por la cabeza de su sobrino en ese momento, se arriesga a preguntar...
__¿Te pasa algo? – pregunta Irma de una manera sutil.
__No, no... no te hagás drama, son >enrosques<>
Aunque ella sabe que no es cierto, prefiere dejar que con el tiempo él mismo le diga cuales son esos “enrosques propios” que lo hacen pensar tanto.
__Bueno, si vos decís que no me haga drama, no me los hago ¿no te parece? Para dramas están las novelas...¿no? –ríe y sus ojos parecen decirle a Joaquín “...ya me vas a contar...”
***
traveler81.marzo2003 || d´elmirador Continue ReadingSe sienta sobre su silla favorita y piensa. Piensa sin siquiera detener un minuto su acción, por dentro de su cabeza corren mil ideas a la vez. Piensa en escribir, y lo hace. Piensa una historia y la cuenta. Piensa en otra cosa y la corta. Mira por la ventana hacia la nada, ya las hojas verdes de los árboles se balancean con la suave brisa del verano. Hacía mucho que no se sentaba a escribir, hacía mucho que no se escapaba de si mismo aunque sea un rato para adentrarse en ese territorio desconocido al que lo lleva su mente en esos momentos. Vuelve a tomar su lapicera negra, sobre la hoja de cuadros escribe: “quizá sea muy temprano para pedir revancha, pero si muy tarde para lamentar...” Observa nuevamente por el gran ventanal que da a la calle, sus ojos parecen advertir sombras extrañas y delgadas sobre las paredes de enfrente. No les da importancia.
Callado totalmente sigue su obra, en otro lugar de la hoja: “si no creyera en la cruel distancia tanto como la creo, no estaría hoy como estoy...” sus palabras encuentran razón de ser al ser plasmadas en el papel. Sonríe. Habla consigo mismo sin hablar, sueña despierto una vez más. Rasca su estropeado pelo y vuelve a escribir, esta vez no una frase, sino una historia, otra mas que tendrá encima ese escrito ajado a los lados.
Su seño fruncido es levemente acariciado por la punta de sus dedos de su mano izquierda, con la derecha entorna la primera línea de lo que será su historia: “Se sienta sobre su silla favorita y piensa...”.
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traveler81.2003
Cansada de luchar contra su propio ser, decidió rendirse, quedar en algo sin quedarse, pensar de más al punto tal de no saber que es lo que pensaba, su mente estaba en blanco y sus azules ojos entrecerrados albergaban la tristeza y la desolación de su interior, ¿dónde encontraría su alma desdibujada en ese perdido espectro llamado destino? ¿Dónde la encontraría sin siquiera saber su apariencia?. Lloró. Sin remedio aparecieron las lágrimas, no de bronca ni furia, sólo dolor, el dolor más intenso que alguna vez hubiera sentido, el que le perforaba lo que quedaba de su debilitado corazón. Su persona no podía tener otro destino que no fuera el que tuvo. Veía a su alrededor y no percibía cual era su función, su tarea en ese ámbito tan distinto a lo conocido, pero no quería adecuarse, no quería enterarse, no quería saber... no le interesaba, sólo quería estar tranquila y decidió caminar, caminar a la nada, la oscuridad era cómplice de sus acciones, las voces ocultas de su mente se volvían extrovertidas a medida que sus pequeños pies descalzos avanzaban por la fría y húmeda arena. El viento espumoso y helado de madrugada golpeaba sus colorados pómulos hinchados y su irritada visión, la cual se nublaba por momentos con el correr de las penosas lágrimas que dilataban sus azules y cansadas pupilas. El rugir de las olas se hacía cada vez más fuerte. Sus fríos pasos hicieron el leve y cauteloso contacto con el agua agitada de la orilla, en la espuma del suelo se dibujaba su pequeña huella, luego la otra, que avanzaba lentamente. La línea recta, en ese momento imaginaria, que separaba los dos planos, parecía llamarla, sus frágiles rodillas sintieron el húmedo contacto. Su delgado rostro, desencajado, no ofrecía ninguna seña de desaprobación a tal acción. Siguió, caminó, hacia la nada, cada vez más y más adentro, allá a lo lejos, el tono del cielo cambiaba muy pausadamente, las tonalidades de azul oscuro se mezclaban con las leves rojizas que en forma horizontal aparecían. Sus delgados cabellos negros, más arriba de la cintura, empezaban a mojarse, una gran ola con fuerza derrumbó su pequeña figura, seguida de otra que absorbió su imagen hacía adentro. El delgado cuerpo fue poco a poco desapareciendo.
Desde lejos, en las escalinatas de la rambla, un par de ojos azules fueron los únicos testigos de tal suceso. Un gesto de satisfacción y alivió se pudo ver en su rostro, de colorados pómulos hinchados y delgados cabellos negros.
Para Luciana, los minutos tenían duraciones exageradas, no podía dejar de mirar la maldita esfera de agujas rutinarias. Su corazón experimentaba un ritmo superlativo. Recorría con sus pequeños pasos el pasillo, al parece, interminable, su figura transitaba de un lado a otro sin detenerse ni un momento, la gruesa puerta de algarrobo la separaba de la verdad, del veredicto, el que podía llegar a cambiar el rumbo de todas y cada una de las cosas de su adolescente existencia. Estaba sola. Sin la presencia de su cómplice, al parecer, desencontrado con la realidad que lo podía o no aquejar. Quien no cuidó su integridad y la expuso a esto que hoy vivía.
Los cinco minutos más largos de su vida llegaban a su fin, sus pasos lentamente se aquietaban, su mirada perdida en el piso de parqueé, su mano, temblorosa, giró el frío picaporte, la pesada puerta perezosamente se abría, el rechinante sonido fue matando uno a uno las hipótesis y pensamientos que en ella había. El cuarto blanco estaba tal cual como lo había dejado, no había modificaciones, sólo una, la que le devolvió el alma al cuerpo. Sobre el lujoso y pulcro asiento, el recipiente, dentro, una pequeña tira celeste y una delgada línea roja que la cruzaba, el test de embarazo era negativo.
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Traveler81.2002
Son las seis y veinte de la tarde, la Señora Ocampo se levanta de su siesta sabática. Su desgastada figura se dirige hasta el elegante baño al final del pasillo. Debe apurarse a estar lista, hoy es el día esperado, su cita.
En las palabras de su empleada doméstica se refleja la sorpresa, el asombro... ¿a su edad una cita? Sí, no es tan descabellada la idea.
__¿Cómo durmió? –es la pregunta que Estela, su empleada le hace al ver a la señora salir del baño con dirección al dormitorio.
__Bien, bien –contesta sin mirarla.
Sobre su cama, la que ocupaba su esposo, quien ya hace mas de un año que ha muerto, se advierten ropas de salida para elegir, previamente dispuestas por ella antes de acostarse. Como si fuera una adolescente no se decide por que vestido optar, los observa una y otra vez. Al fin elige el largo azul oscuro con detalles en celeste en la parte del cuello y las mangas. Lo toma con sus arrugadas y cálidas manos y ante el reflejo de su imagen sobre el antiguo espejo de la habitación, sonríe, algo que no hace muy seguido.
Se viste sin descuidar su delicado peinado, anteriormente cuidado con un gorro mientras dormía. Acomoda su blanco y esponjoso cabello.
Sobre la refinada cómoda se encuentra su coqueto joyero, el cual guarda innumerables recuerdos más que accesorios. Uno de ellos es tomado por ella, quizá el que más recuerdos tiene, el collar que su esposo le regaló en su primera cita. Lo más especial para un día especial.
La extrovertida actitud de Estela hace más fácil recaudar información sobre el protagonista de su cita. Pregunta en un tono amable:
__¿y...Quién es? ¿lo hemos visto alguna vez...? –su sonrisa se pierde entre un gesto de curiosidad.
La señora Ocampo, con su actitud fría y de palabras medidas, gira su cabeza hacia donde su empleada se encuentra. Desde la distendida y tranquila ubicación frente a la ventana que da a la calle, le dice:
__Es alguien que nos ha tocado muy de cerca en esta casa... y no hace mucho tiempo... –girando lentamente su visión hacia la ventana al terminar la frase.__ ...muy de cerca... –repite entre suspiro y desgano. Estela parece no entender tal expresión.
__¿Y ese alguien la va a pasar a buscar? –Pregunta indiscretamente la empleada.
__Si, me va pasar a buscar y me va a llevar –contestó sin sacar su vista de la ventana de largas cortinas.
Mientras pinta sus secos labios de un color rojo intenso, que contrasta con su tez pálida, la señora ordena a su empleada tomarse el resto de la tarde. Su voz cascada y entrecortada lleva consigo las ganas de tener privacidad, que no haya nadie en la casa más que ella y su cita. A pesar del interés de Estela de saber ese “alguien” tan misterioso entiende la orden y la acepta.
__Bueno, nos veremos el lunes, señora, mucha suerte, adiós –dice resignada por no poder quedarse y conocer la compañía de la señora.
__Adiós –contesta mientras sus pies entran en los finos zapatos oscuros.
El reloj del comedor marca las siete y diez, la señora lo observa desde el cómodo sillón, que da a la puerta de entrada de la casa.
Los nervios aumentan por que el momento esta por llegar, faltan unos segundos...
Dos golpes se hacen presentes desde el otro lado de la gruesa puerta de roble.
__Pasá, ya estoy lista –dice mientras sus dedos se clavan en los extremos de los apoyabrazos.
La puerta se abre lentamente. La imagen huesuda y cubierta con un paño negro se refleja en su tenue y desgastada mirada.
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traveler81.2002
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